¿Cuáles son las aplicaciones punteras del hidroxitirosol?

Sin duda, el ‘plato fuerte’ del HT son las grasas sanguíneas. El HT baja el colesterol total, sube el HDL (colesterol bueno) y baja el LDL (colesterol malo), además de bajar los triglicéridos (otro tipo de grasa sanguínea). Una dosis interesante a este nivel serían: 25 mg HT/en tres tomas distintas diarias con comida.

Mucha gente se obsesiona con el colesterol malo o LDL y en realidad, este tipo de colesterol es totalmente necesario. Lo que ocurre es que cuando se ‘oxida’ debido al ataque de radicales libres, el nuevo LDL oxidado se hace ‘pegajoso’ y se pega a las paredes interiores de los vasos sanguíneos, formando placas que pueden acabar por obstruir los vasos sanguíneos.

Aprox. 15 min después de tomar el HT, se detecta ‘montado’ en las partículas de LDL, impidiendo con ello que se oxide. La propia Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), reconoció esta bondad del HT y sus fenoles acompañantes en 2011.

Hay indicios de que el HT puede tener un cierto efecto hipotensor, pero estudios preliminares parecen indicar que esto ocurre más bien a dosis altas (ej. 100-200 mg HT/día).

Un campo muy interesante para usar el HT es en enfermedades neurodegenerativas. En estos casos, se sabe a ciencia cierta que hay un aumento significativo en la producción de radicales libres (RL). Un exceso de RL implica un mayor daño y deterioro de los tejidos afectados. El HT tiene gran interés ya que es capaz de atravesar la barrera hematoencefálica, una especie de sistema que limita el acceso de muchas sustancias al cerebro. Al poder atravesar dicha barrera, el HT puede combatir los numerosos radicales libres que se sabe existen en numerosas alteraciones neurológicas y que contribuyen al deterioro observado en las mismas.